martes, 12 de abril de 2016

La fotografía y el uso del cuerpo

El encuadre será entendido como el medio para realizar cosas magníficas en el ejercicio fotográfico, sin embargo, y más importante aún, es a qué o a quién captura. El cuerpo, limbo físico entre nuestra esencia y el mundo tangible será el personaje principal de nuestra exposición. Algunos podrán criticarnos que puede ser cliché ocuparnos una vez más sobre él, no obstante, desconocen la infinidad discursiva que puede entregar. El uso del cuerpo y la luz pueden lograr cosas geniales, como acusar la gracia de su propia armonía, exaltar los prejuicios y/o tabúes socialmente establecidos sobre “belleza”, como también es posible crear escenarios de ensueño  con un poco de creatividad. Como dice Baruch Espinoza, pensador holandés del siglo XVII, “nadie sabe lo que puede un cuerpo”; y es exactamente lo que pretendemos demostrar. 
Más de alguna vez nos hemos topado con fotografías que enmarcan parte o en su defecto, el cuerpo completo. Pero ¿Qué nos pasa cuando vemos tales imágenes? 
En primer lugar es fundamental el sujeto retratado. Si es cuerpo completo, cómo es su físico; si es retrato, cómo es su expresión; cómo es la disposición física del cuerpo dentro del encuadre, es decir, aquello que el fotógrafo destaca; cómo también es importante el sexo del sujeto, ya que, en la sociedad contemporánea es frecuente este recurso para dirigir mensajes a mujeres y hombres. 
Por otro lado, efecto que sufrimos al estar frente a una imagen ya sea fija o en movimiento es de carácter múltiple y responde a la composición sociocultural del sujeto que la observa. Por ejemplo, muchas fotografías han sido galardonadas en la World Press Photo, más bien, por lo que logra transmitir que por su composición estética. La pobreza y hambruna nos genera angustia, por ejemplo. Los procesos migratorios admiración por el tesón y valentía de aquellas y aquellos. Las tribus en África nos deslumbran con su extensa cultura y su exótico (desde la mirada occidental) tono de piel. Por otro lado los desnudos nos trasladan a nuestro espacio íntimo, y pueden producir aún más efectos que no me aventuraría a describir, en aquellos que los observan.  


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